Esa es la palabra que mejor define el partido de ayer del Real Madrid en Manchester, vergüenza. Vergüenza de ver como el colegiado Italiano Rocchi, con su actuación caserísima y premeditada, perjudicó gravemente al Real Madrid privándole de la victoria y dejándole sin opciones de luchar por la primera plaza en la última jornada y relegándole al segundo puesto del grupo. Una expulsión injusta a raiz de un penalty inexistente de Arbeloa sobre el Kun Agüero que propició el empate del equipo inglés, y un penalty flagrante no pitado sobre CR7 minutos antes. Todo ello acompañado por innumerables faltas no pitadas a favor del Madrid y sí señaladas cuando se cometían por jugadores blancos.
Sabemos que los árbitros se equivocan porque son humanos, pero la historia de Rocchi con José Mourinho viene de la época en la que el portugués entrenaba al Inter de Milán. Allí, en un derby contra el Milán, el ya famoso Rocchi expulsó a 2 jugadores del Inter y a Mourinho, comenzando así una historia de odio y animadversión hacia el entrenador portugués del Real Madrid. Historia que se confirmó ayer por la noche en un programa deportivo nocturno, donde se anunció que este árbitro había sido visto celebrando con efusividad los goles que recibía el equipo de Mou en una eliminatoria de Champions.
La UEFA cometió ayer el gravísimo error al designar a un árbitro con un odio patente y demostrado hacia el entrenador de uno de los equipos involucrados en el partido, condicionando gravemente el mismo, y privando al Real Madrid de poder luchar por ser primero de grupo. Espero que esto no vuelva a suceder, y que la UEFA mejore notablemente el sistema de elección de árbitros para los partidos internacionales.
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